
Sé que las piezas encajan porque las he visto caer mohosas y ardiendo, diferiendo en sus fundamentos. La intención pura, yuxtapuesta, pondrá las almas de dos amantes en movimiento desintegrándose mientras va poniendo a prueba nuestra comunicación. La luz que alimentaba nuestro fuego en aquel entonces ha quemado un agujero entre nosotros para que no podamos ver y alcanzar un final, lisiando nuestra comunicación. Sé que las piezas encajan porque las he visto colapsar. Ninguna falta, nadie a quién culpar. No significa que no desee apuntar con el dedo, culpar al otro, ver el templo estar a punto de caer, volver a juntar los pedazos, redescubrir la comunicación. La poesía que viene desde entremedio de la confrontación y encerrarse vale la pena, encontrando belleza en la disonancia. Hubo un tiempo en que las piezas encajaron, pero los he visto caerse enmohecidos y ardientes, estrangulados por nuestra codicia. He hecho suficientes cálculos para saber los peligros de nuestras críticas. Condenados a desmoronarnos a menos que hagamos crecer y fortalezcamos nuestra comunicación. El frío silencio tiende a atrofiar cualquier sentido de compasión, entre supuestos amantes, entre supuestos hermanos.
Schism

